casa abandonada

Mercado inmobiliario

Dicen (y lo dicen muy a menudo) que la ociosidad es la madre de todos los vicios. Que el trabajo dignifica. Y en mi caso, no solo no es cierto, es que mi alcoholismo alcanzó cotas desaforadas en mi «mejor» (léase con el debido sarcasmo) momento laboral. Ahí estaba yo, trabajando veinticuatro horas al día, para pagar el agujero que me dejó un tiro muy bien dado pero perfectamente salido por la culata: digno y borracho a partes iguales.

cenizas

Polvo y Cenizas

Más allá de la vida, para aquellos que nos proclamamos vanidosamente «escritores» , siempre es día de difuntos. Temerosos difuntos, cabría añadir. Así nos puedes ver, día tras día, repartidos por los distintos mostradores de Imaginaria. Aguardando por nuestros tickets y por el número que contienen. Allí Burroughs, con restos de coca en su sucio […]

mujer helada

Criogénesis

Isabel no reconoció la voz, aunque con los ojos cerrados trató de identificarla. Era de una persona joven, con un acento muy extraño.
—Volveré mañana.
La segunda voz le era familiar, pero el cansancio la volvió a sumir en el sueño…

nuria

Reseña: Vosotros justificáis mi existencia

Todos comprendemos el lenguaje del miedo, pero se enseña a los hombres y mujeres a hablar diferentes dialectos de ese lenguaje.

El propósito de esta antología no es probar que las mujeres pueden y de hecho escriben literatura de terror —pues no creo que sea necesario probarlo—, ni tratar de establecer una nueva categoría de terror escrito por mujeres. Los hombres no escriben sólo para los hombres, ni las mujeres sólo para las mujeres, ni deberían hacerlo

El juego de Ender

El Juego de Ender

«— ¿No ha tenido nunca la impresión de que estos chicos no son niños? Cuando se fija uno en sus acciones, en sus comentarios, ¿no le da la impresión de que no son jovencitos?
—Son los niños más brillantes del mundo, cada uno a su manera.
—Pero ¿no deberían seguir actuando como niños? No son normales. Actúan como… personajes históricos. Napoleón y Wellington, César y Brutus.
—Nuestra misión es salvar el mundo, no curar corazones heridos. Eres demasiado compasivo.
—El general Levy no tiene piedad de nadie. Todos los vídeos lo confirman. Pero no haga daño a ese chico.
—¿Está bromeando?
—Quiero decir que no le haga más daño del necesario.»

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La sonrisa etrusca

«¡Un libro! – piensa despreciativo el viejo, mientras la mujer sale del cuarto-. Si hicieran falta libros para eso, ¿cómo hubieran criado a sus hijos todas las buenas madres que no saben leer? Está claro: ¡por eso los crían mejor y no los echan lejos antes de tiempo!» …